martes, 20 de mayo de 2014

Las huellas

Nuestra vida está gobernada por cuatro fuerzas: amor, muerte, poder y tiempo. La vida te enseña a valorar lo que tienes porque en algún momento de la vida se convertirá en un simple recuerdo.
Mi mente solo tenía un pensamiento y me aferraba como nunca a los recuerdos para no perderlos y conservarlos toda la vida. Más que nunca creía que hay otra vida. Que este mundo solo es un valle de lágrimas y de felicidad efímera, que se va con un simple suspiro.
El ayer es siempre historia y el mañana no llega nunca... Esto es lo que pasó.
Estaba completamente triste porque había perdido al mejor amigo, un amigo que era como mi hermano que siempre supo hacerte sonreír en los momentos más incómodos y malos. Mi alma lloraba, recordando esos momentos de convivencia que ya no volverían, llorar no significa ser débil, sino que los sentimientos fueron verdaderos. Mis seres más cercanos familiares, amigos me estaban ayudando a superarlo.
Mi madre apoyo su mano sobre mi hombro y me dijo:
-       No estés triste, recuerda que el te quiere, este donde este, el no te quiere ver triste, pues él no lo está porque sabe que guardas ese rinconcito especial para él en tu corazón, que cuando pienses en el sonrías pues así sabe que su recurso te hace feliz por todos los buenos momentos vividos.
Las palabras de mi madre me hicieron pensar que soy muy afortunado por haberle tenido cerca, disfrutar de su amistad, su compañía, que fuimos felices, pasamos grandes momentos juntos. Pero muchos recuerdos son dolorosos que dejan una herida en tu corazón para siempre dicen que las heridas son nuestras marcas de guerra, heridas que marcan el paso inevitable de la vida, la herida te deja cicatriz que recordaras durante toda la vida.
Ha pasado ya un mes desde que sucedió esto… y me he dado cuenta que no hay medicamento que cure el dolor del alma, solo hay anestésico llamado tiempo que te enseña a no sentir dolor aunque la herida perdure. Decidí escribirle una carta, una carta que no le iba a mandar, la quemaría tal y como él me enseño, mis sentimientos se pondrán a arder y así el dolor no se te queda tan dentro. Esta es la carta.
ADIOS…
Solo decirte que tuve la suerte de recorrer caminos a tu lado por mucho tiempo los recuerdo cada segundo de mi vida. Aquel día nuestra vida cambio, nos despedimos de ti. Al irte dejaste tras de ti miles cosas que aun sigo recordando, pero te extraño mucho no puedo hacerme a la idea de que no estás. En esta vida no todo es para siempre por más que lo deseemos.

Un millón de palabras no pueden hacer que vuelvas ni tampoco lagrimas, he llorado hasta quedarme sin lagrimas, hasta que el alma se me seco. Tal vez lo único que duele más que decirte adiós, es no haber tenido la ocasión de haberme despedido de ti lo mas jodido de las despedidas es que ocurren en el momento más inesperado un día dices ´´adiós´´ y no te das cuenta de que puede ser el ultimo ´´ adiós´´. Es tan difícil decir y mucho más si dejas algo que realmente amas, el adiós no duele, duelen los recuerdos que dejo esa persona. Nuestros recuerdos duraran toda una vida, los recuerdos construyen caminos que llegan hasta el corazón. Lo único que me queda son tus recuerdos, tus fotos y el gran ejemplo de vida. Daría todo por abrazarte, por volver a escucharte otra vez.... aunque sea solo por un minuto y poder decirte adiós, poder despedirme de ti...Pensé hoy en ti, eso no es novedad pienso en ti todos los días. Tuvimos la gran suerte de haber formado parte de tu vida, disfrutar de tu presencia, nuestros caminos se han separado igual algún día se vuelvan a encontrar, tú me has enseñado el verdadero valor de la vida. NUNCA TE OLVIDARE

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